Os explicamos hoy un nuevo proyecto de diseño con la marca MOBIL M: la Farmacia Zubia.
La Farmacia Zubia está situada en el casco viejo de Bilbao, en un edificio que antiguamente albergaba la alhóndiga de la ciudad. El edificio actual, de corte neoclásico, data de principios del XIX y su construcción buscadamente monumental se apoya en los arcos de medio punto de la fachada principal. Estos arcos han sido fundamentales en el proyecto de arquitectura y en la creación de la identidad corporativa de la farmacia.
El local tenía unas posibilidades tremendas bajo los falsos techos y las construcciones modernas que se habían dedicado a tapar la belleza del lugar. De ahí que el arquitecto asegure que su trabajo ha consistido, sobre todo, en quitar. Quitar para descubrir y dar valor a la arquitectura original: las columnas de granito y las bóvedas del techo que hasta entonces se habían silenciado. El respeto casi reverencial a las bóvedas tenía, eso sí, un inconveniente de tipo práctico: ¿cómo iluminar el local sin tocarlas? La solución fue crear unas lámparas circulares que mantienen intacta la piedra a la vez que juegan con las formas curvas, verdaderas musas del proyecto.
La identidad visual tenía que formar armónicamente un todo con la arquitectura, así que se desecharon desde el principio las imágenes anodinas al uso. Tampoco la forma y posición de los paneles debía ser convencional. Para empezar, se liberó a la comunicación visual de su posición típica insertada en la parte superior del mueble. Se sacó del lineal y se le dio forma circular. Este cambio de formato, junto con el tono antique del local, fue la excusa perfecta para idear unas ilustraciones oníricas, que desprecian con encanto la aburrida y plana realidad. Un paseo por el lado surrealista de la vida, en el que uno encuentra niños alados o fresas desproporcionadas y los acepta sin rechistar.
Todos estos aspectos concedían un toque muy personal al proyecto. De ahí que la tipografía buscada tuviera que ir en esa misma dirección: muy caligráfica, simulando que la farmacéutica firma a mano alzada su propia identidad visual sobre papel pergamino. Un juego con los materiales antiguos y las materias primas, una vuelta al origen en la que uno vislumbra con alivio al humano entre tanta tecnología existencial.
Arquitecto: Pablo Ibarrondo
Diseñadora gráfica: Mireia Barberà
Fotografías: César Sanmillán




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