El mayor reto en el diseño de la Farmacia Ramos ha sido superar el miedo a la libertad. Mobil M tenía control absoluto sobre el proyecto y carta blanca en la creación. ¿Nuestra respuesta? Romper expectativas. Cuando el entorno parece exigir una farmacia convencional, sin estridencias, la mejor alternativa siempre es la rupturista.
El resultado ha sido concebir una farmacia con una personalidad muy marcada. Empezando por la fachada: el cristal que la recorre deja entrever el interior, a través de unas enormes letras de hierro en que se lee la palabra FARMACIA. Una vez dentro, el impacto es espectacular: el gris casi negro concede mayor realce al naranja puro, auténtico protagonista de los 200 metros cuadrados que se han destinado al público. Lo más llamativo es la sucesión de cinco cilindros de distintas alturas que encontramos en el techo. Estas formas geométricas perfectas, unidas al suelo por medio de unos pilares, se reparten por el espacio superior sembrándolo de distintas tonalidades de naranja. Los círculos son, además, la base de la creación del diseño gráfico. Arquitectura y comunicación visual se dan la mano en total sintonía: la misma tipografía; los mismos colores gris y naranja; los mismos círculos, esta vez superpuestos.
Los antiguos 80 m² que se debían exprimir para conseguir algo de intimidad con los clientes, se han convertido en un colosal espacio (el tamaño total de la farmacia es de casi 400 m²) que hará posible ampliar y mejorar los servicios. El cambio ha sido impresionante, aunque no sólo en las dimensiones. Los habituales de la farmacia resaltan sobre todo la sensación de bienestar que transmite el local.





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