Hace algunos meses, en la revista Visual, leímos un artículo que nos hizo recapacitar. Se titulaba “De la innovación, esa de la que todos hablan” y era una denuncia del abuso indiscriminado que, de un tiempo a esta parte, se hace de este término en todo lo que tiene que ver con diseño, empresa, marketing, crisis… Su abuso lo ha convertido en un concepto vacío, hueco, una muletilla que se introduce en los discursos cuando no hay nada mejor que decir. Dice Álvaro Sobrino, autor del artículo: “El diseño no descubre fórmulas magistrales para resolver el hambre en el mundo, ni vacunas para erradicar enfermedades. El diseño, en la casi totalidad de los casos, aporta pequeñas soluciones, en las que la condición de novedoso no suele ser lo primordial”. El diseño incorpora matices que mejoran un poquito lo que ya existe. Normalmente pensando en el bienestar de las personas, y casi siempre, afortunadamente, reportando unos beneficios económicos a quien lo encargó. Pero no supone siempre una innovación. Eso no significa que el diseño no pueda innovar; significa que no lo hace tanto como se nos hace creer.
Estas líneas nos han recordado una reflexión similar que aparece en un libro sobre la posmodernidad (El fin de la modernidad, de Gianni Vattimo). En él se afirma que la modernidad se caracteriza por el abandono de la visión sacra de la existencia, esto es, por la secularización. Y la consecuencia directa de ello es la búsqueda de un sustituto al que adorar. La fe será entonces en el progreso, en lo nuevo, que se concebirá cada vez más como un valor en sí. Y en el campo artístico, se extremará la necesidad de novedad, la búsqueda de lo nuevo por lo nuevo, vaciando así de contenido el propio concepto de progreso, de innovación.
Os dejamos estas referencias simplemente para que podáis pensar en ello. Nosotros lo hemos hecho, y hemos entonado un mea culpa, puesto que tampoco nos hemos salvado de subir a ese tren y tildar muchos de nuestros proyecto de innovadores.
Sirva este artículo como una promesa de pensar más antes de escribir.




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